La verdad es que me ha resultado muy fácil titular este comentario porque podría haber escogido entre bastantes: "El Corralito versión 2", "Vuelve el Corralito" o "La Larga sombra del Corralito". Pocas veces ocurre, pero lo cierto es que la sorpresiva decisión del gobierno argentino, con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a la cabeza, nos trae un cierto aroma de unos no tan lejanos tiempos.
Una vez más, y ya no sabemos cuántas, el Estado argentino se ha situado al borde de la bancarrota. Esta vez, dicen que la culpa la tiene el descenso en los precios del petróleo y de la soja, sus dos principales fuentes fiscales de ingresos.
En realidad, habría que pensar que los únicos culpables son los políticos que desde hace muchas décadas asolan al atribulado país sudamericano. Independientemente de que hayan bajado los precios de esas dos materias primas y de que también se hayan recortado las exportaciones por culpa de la crisis económica, habrá que decir que algo habrán hecho mal o muy mal o muy-muy mal.
A saber: en primer lugar, por confiar en que los precios del petróleo, artificiosamente hinchados por los especuladores, iban a seguir subiendo indefinidamente. En segundo lugar, por permitir que Argentina, la míticamente rica Argentina, haya caído casi en un monocultivo (o bicultivo) exportador: energía y soja, haciendo depender al Fisco de las oscilaciones caprichosas de unos productos que están sometidos a los manejos de los especuladores.
Es una muestra de mala gestión, una vez más. Pero como hay quien cree que una gran chapuza se puede tapar con otra mayor, la presidenta Fernández no ha dudado en cometer un desatino de proporciones históricas.
No ha querido acordarse del desastre del Corralito y ha vuelto a unas prácticas similares. Nosotros se lo vamos a recordar desde estas páginas. En diciembre de 2001 el entonces presidente Fernando de la Rúa atrapó a millones de pequeños ahorradores argentinos, fundamentalmente de la clase media, impidiéndoles sacar su dinero de las cuentas bancarias. Sólo podían retirar un máximo de 250 dólares a la semana. La consecuencia fue un colapso de la actividad económica. El comercio y el crédito se paralizaron por falta de liquidez monetaria y se rompieron las cadenas de pago.
El quilombo que organizaron los indignados ciudadanos le costó el cargo a de la Rúa, que tuvo que dimitir a los pocos días ante las masivas protestas.
Cristina Fernández no se ha querido quedar atrás y su gobierno ha metido mano en algo que es todavía más sagrado porque está pensado para el futuro de la gente cuando ya no pueda trabajar: los fondos privados de pensiones.
Con la excusa de que la crisis económica puede acabar con las gestoras privadas, conocidas como AFJP (administradoras de fondos de jubilación y pensión), el gobierno argentino ha decidido adelantarse a la crisis y hacerse con el dinero allí depositado. Al menos así lo han interpretado los mercados.
La "nacionalización" de los fondos argentinos de pensiones constituye para las bolsas una simple "apropiación" de los activos aportados por diez millones de trabajadores.
Y como nadie quiere pensar bien, a fin de no equivocarse, la segunda interpretación es que esos dineros ahorrados por los ciudadanos pensando en el "día de mañana" se van a destinar al pago de las deudas y gastos corrientes que empiezan a atosigar al gobierno de Argentina.
Decía Chumi Chúmez en uno de sus chistes que a grandes males, grandes remiendos. Con esta salida de pata de banco, la desconfianza y el descrédito internacional ante el futuro económico de Argentina vuelven a alcanzar antiguas cotas que queríamos creer olvidadas.
Como decíamos, los mercados lo han interpretado como una simple expropiación y han obrado en consecuencia. El capital ha comenzado a huir de Argentina y las bolsas han caído en picado porque todos los inversores internacionales quieren vender para hacer las maletas y salir corriendo. Para colmo, existe el miedo a que vaya a haber un efecto con Chile y Brasil.
En España lo estamos pagando en mayor proporción que en otros países europeos, porque nuestras grandes empresas (BBVA, Santander, Repsol y Telefónica) habían realizado fuertes inversiones en Argentina, y en general en Sudamérica, ahora ha cundido el pánico ante el temor a que continúe la furia nacionalizadora o más bien "corralera".
Mientras que el primer Corralito le costó el puesto a Fernando de la Rúa, este segundo Corralito le está costando de momento el dinero a los europeos que invirtieron en Bolsa. Habrá que pensar si Cristina Fernández no tendrá que seguir los pasos de de la Rúa cuando los pensionistas argentinos se den cuenta del peligro que corren sus ahorros.
Tal vez entonces las calles de Buenos Aires se conviertan en un segundo OK Corral.

3 comentarios:
No me fío de los Kirchner y me tendrían que dar muchas garatías de que no van a meter la mano en la caja... Pero la cuestión de fondo es si un sistema privado de pensiones puede sobrevivir a la crisis financiera. Por muy pruedente que hayan sido las gestoras, durante dos, tres años en el mejor de los casos, los fondos de pensiones sufrirán una importantísima merma de sus patriomonios. La teoría es que, a largo plazo, los fondos de pensiones siempre ganan. Pero ¿qué pasa con los cientos de miles que se jubilan durante los largos años de una recesión. Los inversones que juegan en bolsa asumen riesgos, los trabajadores no debieran. Las entidades financieras han intentado convencernos de que un sistema público no tiene viabilidad, y en la América Latina durantelos años para odel consenso de Washington a los gobiernos les resultó muy cómodo privatizar los sistemas de previsión. Defiendo los sistemas públicos, basados en el reparto y en la solidaridad intergeneracional, complementado con sistemas de capitalización complementarios.
Aunque no sea comparable, habría que pensar -tal y como están los mercados nacionales e internacionales- qué habría pasado si parte del superávit de la Seguridad Social estuviera invertido en bolsa... algo que sucede en otros países y que se empezó a plantear nuestro gobierno. No digo que sea una mala idea... pero ¿cómo estaría esa inversión ahora? Saludos y gracias por tu Blog. V.Mayoral
Cuando hace algunos años tanto Repsol como Telefónica o el BBVA se hicieron de oro gracias a la "malísima" gestión del gobierno de Menem, nadie dijo ni pío...
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