A lo mejor a algunas personas el consejo les resulta elemental de puro sabido, pero no está mal recordarlo. Cuando alguien tiene que firmar un contrato, lo primero que debe hacerlo es leerlo por completo, incluida la "letra pequeña". Ya saben, esas cláusulas que suelen ir en un segundo término, o al final de todo el documento y que, si bien no están escritas con una letra más pequeña que el resto, sí que a veces están redactadas con un estilo farragoso y técnico que enseguida nos cansa y dejamos de leerlas.
La sabiduría popular las ha llamado la "letra pequeña" y ha mostrado siempre una especial precaución contra ellas. En muchas ocasiones, ahí es donde suelen estar las trampas o las condiciones que nos pueden hacer que lamentemos la decisión de firmar.
El Gobierno ha anunciado varias medidas para aliviar la situación de los parados. La más espectacular, la que se ha difundido en las "letras grandes" de los titulares es una moratoria de dos años de la mitad de la hipoteca que estén pagando. Se trata de que los pagos mensuales se reduzcan hasta un máximo de 500 euros, lo que sin duda permitirá respirar a las familias que se encuentren acogidas al cobro del desempleo. Hasta ahí, magnífico.
Hay condiciones que parecen lógicas, como el tope de 170.000 euros del principal del préstamo, primera vivienda, etc. Sin embargo, hay otra condición que no aparece en las letras grandes, pero que sí podemos rastrearla en las pequeñas. Se trata de que una vez concluida la moratoria de dos años (el 31 de diciembre de 2010), el parado tendrá que volver a abonar la hipoteca completa, pero con un extra: la parte que aplazó prorrateada hasta un máximo de diez años.
Ojo pues a la cuestión, que no es pequeña. Si para dentro de dos años, ese parado ha encontrado un trabajo con un sueldo similar al que tenía anteriormente, deberá pagar la hipoteca con un aumento de la parte que corresponda en el prorrateo. Es decir, tendrá más dificultades que antes.
Si a esas alturas no hubiera encontrado trabajo, más de uno verá que se le viene el mundo encima porque vuelve a tener que pagar la hipoteca completa más el extra del prorrateo. Un extra que sería mucho menor si el Gobierno hubiera decidido hacer esa distribución de las cantidades aplazadas a lo largo de toda la vida de hipoteca (algunas superan los 30 años, desgraciadamente). Sin embargo, al imponer el límite de los diez años, lógicamente ese extra será mucho mayor.
No cabe duda de que esa moratoria va a suponer un alivio para muchas familias, pero también entraña ese riesgo a dos años vista. Algunos lo considerarán como "pan para hoy y hambre para mañana", otros dirán que "menos da una piedra", pero que no se olviden de que la "letra pequeña" de la oferta de hoy se convertirá en una letra más grande que les caerá cada mes. En cualquier caso, seamos optimistas y pensemos que dentro de dos años todo irá mucho mejor.