La verdad es que todavía me duele la vista después de escribir ese "palabro" del título y que yo creo que me he inventado: dessocialización, pero a esta hora de la mañana no se me ocurre otro más irónico que a la vez sea mínimamente respetuoso con la lengua castellana.
¿Por qué me lo he inventado, pues, si tanto me molesta escribirlo y sobre todo leerlo? Pues porque este fin de semana hemos sabido que el Gobierno portugués ha decidido "nacionalizar" el BPN, el Banco Portugués de Negocios para que no se hunda y deje en la estacada a sus clientes, los ahorradores y futuros pensionistas.
Y ya estamos a vueltas con lo de siempre. Cuando teníamos las vacas gordas, el Estado no servía para nada y había que privatizarlo todo. Ahora que viene una mala racha, el capitalismo tiene que tomarse un "reseso", como decían antes en las películas de tribunales de la TV, y esperar bien abrigadito por el papá Estado hasta que la lluvia escampe.
Pues nada, a nacionalizar se ha dicho, sobre todo a nacionalizar las pérdidas. Aunque bien mirado, podríamos hablar mejor de "dessocializar". Hace unos años, en la época de las "privatizaciones", un dirigente empresarial muy militante aseguraba que las ventas de las empresas públicas no eran privatizaciones, sino que eran una "socialización en el mejor sentido de la palabra", porque consistían en "entregarle a la sociedad" lo que hasta entonces estaba en manos del Estado. Es decir, en manos de todos los ciudadanos. El mundo al revés y vivan los eufemismos, que diría un castizo.
Pues nada, ahora que vienen mal dadas. Vamos a nacionalizar hasta que vuelvan las bien dadas. En definitiva, y siguiendo el pensamiento de aquel empresario, vamos a comprarle a la sociedad lo que ahora es suyo. Vamos a "dessocializar".
Y como puede haber opiniones para todos los gustos, supongo que tal vez el ex presidente del Gobierno Felipe González piense que tal vez estemos volviendo a los tiempos del "capitalismo de Estado", como solía llamar él a la propiedad pública de los medios de producción. Tal vez por eso inició el proceso de "descapitalización del Estado" y comenzó a vender las joyas de la abuela. Un camino que siguió, supongo que muy gustoso, su sucesor, José María Aznar.

1 comentario:
Efectivamente, mientras todo vaya viento en popa, ¿para qué pedir ayuda a nadie si ya entre nosotros nos repartimos muy bien los beneficios? Ahora bien, hablando de posibles pérdidas, siempre será mejor recurrir al "papá Estado" y que nos saque las 'castañas del fuego' en el mejor de los casos, o sea él quien se queme con las brasas (después del pueblo, por su puesto), en peor de ellos.
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