EDICIÓN DE NOCHE
Pues eso, para una vez que me da por jugar a los profetas, resulta que voy y acierto. Si lo sé, hubiese empezado el jueguecito hace treinta años, a lo mejor no estaba así, pero permítanme decirles que siempre he creído que el de profeta es un papel que debería estar estrictamente prohibido a los periodistas, que sólo tienen que contar lo que ha ocurrido. Pero en fin, como yo ya casi no soy periodista, me permití caer en la misma trampa de algunos otros que siguen en activo.
Sólo tienen que leer un poco más abajo, en el comentario que hice ayer. A mí me parecía que tantos mohínes como estaba haciendo el Gobierno iban a tirar por tierra la pretensión del gigante estatal ruso Gazprom de controlar a la privatizada Repsol, privatizada pero estratégica al fin y al cabo.
"No lo veo, me chirría, etc"... y claro con comentarios en público como esos, más los que se habrán hecho en privado (que son los buenos de verdad), enseguida ha llegado aquello del "donde dije digo, digo Diego" (¿cómo se dirá en ruso?). Se diga como se diga, Gazprom ha reculado, el vicepresidente ruso ha mirado hacia el cielo silbando y aquí paz y después gloria...
Eso sí, sobre todo gloria para los accionistas de Sacyr-Vallehrmoso, propietaria del veinte por ciento del capital de Repsol, que ayer vieron cómo sus títulos subían más del cinco por ciento. Una ganancia que no está mal para un solo día, la verdad sea dicha.

2 comentarios:
Hola, Manolo. La explicación más estrambótica del asunto la dio en RNE el gran Ernesto Ekáizer quien dijo que se habían equivocado todos, comenzando por el propio vicepresidente ruso, que había confundido Gazprom con otra compañía rusa. Así que, según él, todo había sido una tormenta en un vaso de agua.
Los de Sacyr puede que hayan visto subir los títulos un cinco por ciento, pero con eso no salen del agujero. Hasta los muy ricos y muy listos cometen grandes patinazos. Compraron su paquete de Repsol al doble de lo que vale ahora y lo hicieron con dinero prestado. Ahora están con el agua al cuello.
Lo cierto es que todo esto nos hace ver como funciona la Bolsa hoy día: ¡corre ve y dile!
Se castiga a valores sin una motivación puramente empresarial que lo respalde y suben valores como Sacyr que no hay por donde cogerlos. Y es que el “parqué” se ha convertido en una reunión de patio de vecinos donde parece que ya no cuenta nada el raciocinio. En mi opinión, hoy en día invertir en Bolsa es lo más parecido a jugar a la ruleta y el rumor actúa como condicionante sine qua non.
Por ello, me sumo al atrevimiento preconizador –ya que todavía no soy licenciada y no incurro es sacrilegio profesional- al decir que algún día el rumor moverá el mundo (si es que no lo hace ya). Despídanse de la tradición grecolatina.
Amada Álvarez
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